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sábado, 27 de noviembre de 2010

Rendirse nunca, retroceder jamás (I)

Mi estado de ánimo oscila entre la felicidad y la tristeza. Felicidad porque ya estoy a punto de terminar la tesis y este encierro auto inducido va a terminar (la única forma de acabar la tesis era acabar con mi vida social), voy a poder irme a un trabajo decente, donde me paguen bien, tenga una vida social libre de responsabilidades (como mi cabeza diciéndome "todavía no has acabado la tesis, ¿entonces que carajo haces juergueandote de jueves a sábado?), una oficina grande con muchas personas, donde eventualmente voy a conocer al amor de mi vida. 
OK, eso último sonó terriblemente huachafoso. Pero tendrán que comprender algo primero: yo he llamo "amor de mi vida" a unos cinco hombres en los años que llevo "single and ready to mingle", así que, ya verán que no es tan seria la cosa. 

Tristeza porque todavía me falta un peldaño más para acabar, quizá el más grande e importante de todos y el tiempo libre que quería tener este fin de semana no me parece merecido. Es más, me molesta un montón que todo el mundo me venga con la frasesita cojuda de "oye, descansa, relájate, no te estreses flaca", cuando me encuentro en un punto crucial de todo, donde la tesis, mi trabajo de dos años, se puede ir al CA-RA-JO por falta de atención, indisciplina, irresponsabilidad y flojera. 

No señor, no voy a dejar que la osciosidad me cague esta vez, o algún gen de mi familia que destinó a mis tíos y tías a la ignorancia universitaria, a no graduarse nunca y terminar casados (as) con gente mediocre. 

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Taxistas, cuchillas y una boca de camionero

Cuando el estrés comienza a tener efecto en mi cuerpo me comienza a doler la espalda, se hacen mas frecuentas la migrañas, y lo peor, se forman unas aftas asquerosas que me salen en la lengua, que siempre me hacen recordar a "El nombre de la rosa", libro convertido en pela con Sean Connery haciendo de cura (si usted querido lector no comprende de qué estoy hablando, déjeme informarle que debe ver más cine). No sólo eso: pareciera que estoy en "mis días" por tiempo indefinido. Desarrollo una personalidad de bitch increíble, granputeando a todo el mundo y peleándome con mas taxistas que de costumbre.

La vez pasada me encontraba en ese cruce infame entre javier prado y nicolás arriola -la "cuchilla" como le dicen los taxistas- y quería, ilusamente, meterme a la auxiliar para entrar a Sodimac. Resulta que un taxista se me comienza a pegar al carro, al punto que pensé que en cualquier momento me lo rayaba. De pensarlo nomás ya me enervaba, se me subía la sangre a la cabeza, así que ya no pude controlarlo y bajé la luna para emitirle una opinión sobre él, sobre su auto y qué cosa le iba a pasar si me tocaba el mío. 

La verdad es que ya no me acuerdo bien que le dice, pero sí definitivamente le hice recordar a su mamá varias veces. Como el taxista no se la esperaba, dado que soy una "dama" y además tengo cara de chibola, casi se hace la pichi y solo atinó a decirme "que malcriada". 

Supe en ese momento que no me iba a rayar el carro.