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domingo, 12 de diciembre de 2010

Año del tigre: ¡Año de mierda!

Ya me convencí rotudamente que este no es mi año. Quiero decir, mi año en el sexo, claro está, el único tema que me interesa realmente... Bueh, ha sido un año seco. No puedo encontrar otra palabra más idílica para describirlo: S-E-C-O. Así como lo leen. Y como me gusta recordar, para regodearme en la depresión y la autoconmiseración, voy a contarles mis "casi" encuentros del tercer tipo. Ahi les van... 

1. A finales del año pasado comencé a tener una pseudo relación con un tipejo con el que hablaba mas o menos todos los días, salíamos de vez en cuando a tomar, al cine, a conversar, y todas esas cosas que haces cuando estás saliendo con alguien, salvo la parte del sexo, y yo, esperándola como una imbécil, descubro al final que el tipo estaba con otras tipas, y que conmigo ni siquiera, y cito textualmente "estaba enterado que estábamos saliendo, ¿de verdad pensaste eso?". Ahi va uno... 

2. Durante el tiempo que salí con este susodicho me atormentó el fantasma del ex de una amiga con el que fui a un concierto una vez. Sus llamadas persistentes me hicieron pensar en cambiarme de nombre, entrar en uno de esos programas de protección de testigos, algo así. Finalmente pararon, pero no porque él haya retomado algo de cordura, sino porque yo lo bloqueé en mi celular, facebook y otros. Ahi van dos...

3. El año pasado también conocí a un pata con el que salí una vez (esto de "salimos solo una vez" es algo crónico para mi) y que para la segunda salida me daba vueltas y vueltas hasta que me dijo que había regresado con su flaca. Yo pensé que se la había inventado y en verdad era gay. Esto porque una vez me dijo que el video Loba de Shakira le parecía vulgar. ¿A que hombre heterosexual le parece vulgar algo que haga Shakira, en serio? En fin, lo dejé ahí, hacer lo que quisiera, y pasó un mes para que volviéramos ha hablar via msn. Así estamos, hable que hable vía msn. Siempre me dice vainas tipo "contigo siento que puedo hablar de todo", "eres una flaca super inteligente", "me encanta que sepas tanto", y huachafadas tipo "cuando te conocí fue como experimentar un eclipse". Se... bueno, hablamos por el msn porque se ha ido a Chile ha estudiar fotografía/escultura/diseño gráfico/artes audiovisuales y no se que huevada más. Siempre me hace insinuaciones de que lo vaya a visitar, pero honestamente, cuando pienso en el viaje que tengo que hacer para ver a un tipo con el que salí UNA VEZ y que no veo hace más de un año... No, prefiero quedarme en Lima. Ahi van tres...

4. Hace más de un año que conozco a Jimmy. Es un tipo gordo y pendejo, de ojos saltones y recontra juerguero. Esa me parece una cualidad agradable en un hombre, y antes de que me digan loca, lo digo en el sentido que siempre es agradable interactuar con un fulano al que no tienes que estar interpretando ni leyendo, que te dice claramente que lo que quiere es sexo y punto. Además que si te das cuenta que le gustas bastante, es un subidón de autoestima enorme jugar con su cabeza. Bueno, Jimmy ha pasado por mi vida sin que le preste mucha atención. Siempre que lo veo está con una flaca en cada brazo y en una borrachera fatal. Hace dos semanas una amiga en común (la que me lo presentó) me dijo que ha bajado de peso un montón y que ya no chupa hasta las últimas consecuencias. "Está yendo al gimnasio", me dice. Hablamos de él un rato y le pregunté si tenía novia. Supongo que fue tonto pensar que ella me lo decía porque quizá el estaba interesado en salir conmigo. Hasta el día de hoy no hay señales de Jimmy por ningún lado. Ahi van cuatro...

5. Hace poco nomás fui a una reunión de amigos en un bar de Barranco. Entre esos amigos estaba todo tipo de gente de mi facultad y hablé un rato con un chico que había sido profesor de mi facultad (debe ser un par de años mayor que yo, nada más) y que ahora sale con una chica que me cae un poco mal. Bueno, en realidad me cae muy mal. Pero hay que ser diplomática y comerse el sapo, como dicen. En varias oportunidades me pareció que este chico estaba algo interesado en mi. Fue una especie de vibra que sentí. Quizá sólo es cosa mía. Además, me pareció que él y su chica andaban en problemas. Esto basado en una profunda investigación del perfil de esta chica donde descubrí una serie de cojudeces: que él no le pone "me gusta" a ninguna de sus publicaciones y porque en su foto de perfil había una foto de los dos juntos y ahora no y todos sabemos que cuando ESO pasa es porque la relación se está yendo a la mierda, ¿no? Ah, y está el tema de Cuzco. Según mis estadísticas, casi todas (palabra clave: casi todas) las parejas que se van de viaje a Cuzco juntas, terminan aproximadamente dos semanas después del mencionado viaje... Así que con todos estos datos valioso me dirigí a su perfil y le di clic para agregarlo a mi facebook, pero hasta ahora nada, no acepta mi invitación. Otro fail más, chiquito pero que sirve para coronar un año lleno de caídas. Ahi van cinco...



Ah, en fin, me gusta andar sola, pero a veces, como los niños, me aburre jugar siempre con los mismos juguetes. 

martes, 7 de diciembre de 2010

Listas

Yo no creo en las listas. De las que haces para planificar que hacer el próximo año. Creo que las olvido ni bien termina Enero. La única vez que he tenido una consciencia real de lo que he tenido que hacer fue cuando  a inicios de este año marqué en todas las paredes de mi casa la frase "Haz la tesis", para no olvidarme en ningún momento que este año, de todas formas, tenía que acabarla. 

Por lo general, esas listas son de deberes, cosas que no queremos hacer pero que anotamos en una hoja para darnos la sensación de que somos ordenados. Este año, prefiero hacer una lista de cosas que me gustaría hacer, y que si tengo oportunidad de hacerlas, las voy a cumplir sí o sí. 

- Aprender a tocar piano. Siempre quise tocar un instrumento y ahora voy a tener el tiempo para hacerlo. 
- Tomar clases de teatro. Ya lo hice hace mucho tiempo atrás, cuando solía tener tiempo y me encantó. 
- Pasar mas tiempo con mis amigos. Con los que me divierto de verdad. 
- Salir más con muchos más chicos. Todos los que pueda. 
- Ver a estos patas en vivo y en directo, en primera fila y gritar con toda mi alma sus canciones. (darle play al video de abajo). Lo necesito. Urgente. 

domingo, 5 de diciembre de 2010

Vanidades

Hace buen tiempo que conozco a un chico, que al principio me gustaba nada más, pero que luego de un tiempo se volvió una obsesión para mi. Esa obsesión totalmente desquiciada ha tenido muchas formas en distintas etapas de mi vida: a veces solo es eso, una obsesión y la comprendo como tal, una fuerza de posesión sobre lo que él significa para mi, la imagen que yo tengo de él en mi cabeza; en casi la mayoría de  ocasiones me clavo esta idea de que es amor y que tengo que tenerlo a mi lado para sentirme bien; muy pocas veces, olvido de él, o más bien lo entierro ligeramente (siempre está presente su imagen, de alguna forma), usualmente cuando me embarco en relaciones superficiales con otros chicos, que terminan mal, como queriendo confirmarme a mí misma que nada va a funcionar a menos que esté con él, mi objeto de obsesión. 

A lo largo de todos estos años (sí, ¡Años!) encontrármelo en algún lugar suponía dos clases de sentimientos totalmente opuestos: placer y al mismo tiempo, dolor. Placer por verlo de nuevo y sentir la ilusión de que algo pase (nunca pasó nada entre nosotros, simplemente fueron ideas vagas, conversaciones que no llevaron a nada, miradas y suposiciones); dolor por convencerme nuevamente que nada va a pasar, que las cosas van a seguir el mismo cauce que siempre han tenido y que la imagen que tenía en mi cabeza de él y yo como pareja se vuelve algo ridículo que incluso en ciertas ocasiones me avergüenza. He llorado incluso varias veces pensando que me hubiera ahorrado mucho dolor si no hubiera tomado esa clase en la universidad donde finalmente tuve el valor de hablarle. 

Desde aquella primera vez que me senté a su lado hasta ahora han pasado seis años. Yo tenía 19 y no sabía casi nada de acercarme a un hombre. Lo hacía con torpeza y cometía muchas tonterías. Ahora que ya tengo 24 no soy la misma mocosa. Siento que él -o la idea que tengo de él- ha evolucionado conmigo. Que cada una de mis facetas, todas las que pasé para llegar a donde estoy, todas esas mujeres que aprendieron de error de la anterior, intentaron una vez al menos en lo que duró su existencia (lo que haya durado cada etapa, que comienza con una teoría y acaba con la confirmación o negación de esa teoría), en llegar a él, en tratar de comprender cuál era el camino. 

Siempre me trato de explicar el origen de mi obsesión. ¿Porque perdura por tanto tiempo? ¿Porque no se fue como muchas otras fijaciones que tuve a lo largo de mi vida? ¿Porque él y no otro? 

En algunos momentos me lo expliqué de la manera más burda: el destino. El destino que tengo de encontrármelo aquí y allá, en lugares donde no pensaba hacerlo, con gente que no pensaba que lo conocían, que tengamos conocidos en común, que de alguna forma nos movamos en los mismos ambientes porque estamos predestinados a vernos y vernos y vernos infinitamente, porque es una especie de mandato divino... Pero, ¿No comparto esos mismos lugares con muchos otros tipos a los cuáles les presto menos que cero de atención? Muy rápido, la idea del destino se volvió idiota, absurda, estúpida, ilógica... Ah, pero el uso de esa palabra siempre me hacía caer en una frase que siempre me pareció un resguardo a la gente mediocre que no puede racionalizar las cosas: "El amor es ilógico". Ok, es cierto. Hacemos cosas ilógicas por amor, pero ciertamente hay una razón detrás de esas consecuencias que fuera de contexto podrían parecer ilógicas, pero que dentro de él no lo son. Por tanto, esa frase está mal interpretada. 

Luego de llegar a esa conclusión me obsesioné con la idea que "Hay una razón para todo" y me encerré en ese concepto para escapar de la fuerza que me hacía perder control sobre mi misma y entregarme a un viaje de ilusiones. Comenzar a fantasear sobre lo que él podría o no podría sentir por mi. Un viaje totalmente nefasto, suicida. 
Me gustaba analizar cosas triviales como que si un día me saludaba sonriendo entonces seguro que en esa semana que nos vimos hice algo que le agradó. En cambio, si me saludó al paso o fastidiado, era producto de una mala acción de mi parte. Obviamente totalmente el hecho que él es una persona, y que por tanto, tiene una vida, con amigos, familia, trabajo que yo desconocía en gran parte y que su reacción podría tener miles de variables. Quiero decir, el hecho de que me sonría o no podía depender de miles de cosas que le sucedieron antes de ese saludo y no tendría absolutamente nada que ver conmigo. Yo podía ser o no ser una variable dentro de ese abanico de posibilidades. 

Entonces se me ocurrió que mi obsesión sólo respondía a una cosa: yo misma. A fin de cuentas, lo que buscaba satisfacer profundamente no era otra cosa que mi amor propio, mi autoestima, mi vanidad. Poco me interesaba si él había tenido un mal día o un buen día: lo único que me interesaba era su reacción conmigo, como él me hacía sentir a . 

Entonces fue ahí cuando llegué a la conclusión mas importante: no es amor por él, es amor por mi misma. No tenerlo significaba una herida de muerte, pero para mi vanidad. 

Ahora solo me queda esperar que esa epifanía me ayude a dejar atrás esas viejas obsesiones. 

domingo, 28 de noviembre de 2010

Salir o no salir

Qué es mejor: ¿salir con alguien que no te gusta, o esperar a que ese alguien que sí te gusta se de cuenta de tu existencia?

Mis amigas dirían que está bien salir con alguien para ver cómo es, si de repente con el trato te cae mejor. 
Mi mamá diría que no hay que ser tan exigente y darle una oportunidad al que te ha invitado a salir. 
Mi papá diría que seguro no me gusta por alguna tontería, como que tiene manos chicas o escupe al hablar. 
La lógica y la razón concluirían que el primero es una oportunidad mientras que el segundo es una ilusión. 

Ninguna de éstas respuestas me satisface del todo, pero de lo que sí he podido percatarme últimamente es que esperar a que alguien que sí te gusta se de cuenta de tu existencia es la cosa más absurda que alguien puede hacer alguna vez. No interesa que tan buena, interesante o genial te parezca esa persona, llega un momento en toda pseudo relación en la que debes decir: Ok, ya está, hasta aquí llegué, tengo que seguir adelante. Es duro y parece imposible de hacer, pero al final que te agrade alguien siempre es una elección. 

Una cosa más: tal vez el hecho de que estés tan empeñada en esperar a ese susodicho sea porque a fin de cuentas eso es más seguro que arriesgarte con alguien. 

Just saying...

sábado, 27 de noviembre de 2010

Inspiración

Anton Chejov decía que podía hacer cuentos sobre cualquier cosa, probando así que la creatividad no tiene límites. Lamentablemente yo no tengo la creatividad de Chejov, porque me es imposible escribir sobre cualquier cosa. Mi vida es aburrida y monótona, como la vida de cualquiera y me muero porque algo me suceda, cualquier cosa que me haga tomar algún rumbo, embarcarme en algún viaje, conocer gente nueva, hacer cosas nuevas, tomar algo inspirador. Mi vida, como es ahora, no inspira una historia de nada. Siempre que me pongo delante una hoja en blanco, termino hablando del pasado, de lo que me sucedió, de un refrito de hace seis meses atrás, de cosas que hasta a mí, que me pasaron y fueron interesantes en su momento, me aburren. A MI. Entonces, ¿porque le interesarían a alguien que no me conoce? 
El punto de frecuentar mucho tiempo a la misma gente hace que la novedad se vuelve una cosa difícil. Y le comienzas a encontrar defectos a las personas con las que andas, como arañazos en la pantalla del celular, que por más que le pasas y le repasas la franela, no se borran nunca. 
Mi mamá siempre dice "a la gente hay que quererla para aguantarla", ergo, mis amigos están bien, pero no los quiero tanto como para aguantarlos a pesar de todo. Yo nunca he podido quedarme mucho tiempo en un grupo de gente, y me gusta pensar que es porque he cambiado mucho y mis amigos de hace cinco años atrás ya no podrían ser mis amigos ahora. 
Ahora debo estar afrontando otro cambio más, porque los amigos que mantuve durante gran parte de la carrera me resultan atrofiantes. Sí, atrofiantes de ideas, de creatividad, de empeño, de avanzar. Ya no sé de qué hablarles y hablar de lo mismo me cansa. No es su culpa, claro, es una cosa mía, una de tantas "cosas" que tengo, dentro de este paquete que conformo, que no controlo, dentro de mi forma de ser.